Estuve en Colombia durante la primera quincena de junio de 2026. Participé de un viaje de prensa organizado con motivo del XVII Congreso de la Organización Mundial de Periodismo Turístico, que incluía una serie de recorridos por el Quindío y el Valle del Cauca. Todo estaba pensado para observar el potencial del país como destino de naturaleza. Yo también lo veía así: como un trabajo, una cobertura, una historia que debía construirse con datos, experiencias y entrevistas.
Sin embargo, para una persona que disfruta del avistamiento de aves, toda oportunidad es valiosa, más aún si son sitios nuevos y conocidos por su biodiversidad. Eso fue lo que me pasó.
La Umbría, Tuluá: un corredor biológico

Ubicada en una zona de transición entre el bosque seco tropical y ecosistemas más húmedos que comienzan a ascender hacia la cordillera Central, esta zona funciona como un corredor biológico. Aquí, las especies no solo habitan: se adaptan, se desplazan, aprenden a coexistir con cambios constantes en el clima, la vegetación y la presencia humana.
Resalto ampliamente el tiempo disfrutado en La Umbría: a veces uno no sabe que necesita desconectarse hasta que se reconecta con uno mismo y con la naturaleza. El paisaje era de diferentes verdes, pero ante todo, lo que más disfruté fue que los únicos sonidos que acompañaban esta vista fueron los cantos de las aves.
Casi inexplorado y poco visitado, me deleité con especies que, aunque sean cotidianas, no dejan de ser especiales: primero una torcaza (Eared Dove), luego un bichofué (Great Kiskadee), después un sirirí común (Tropical Kingbird) y, en la noche, para mi sorpresa, hasta un Common Potoo.
Dejé de pensar en registrar cada detalle y empecé a observar con más paciencia y mucha más atención. Así, en un trayecto por la ciudad, de día, divisé a un Roadside Hawk que nos miraba discretamente desde un ceibo. Puedes ver todas las especies de ese día en la lista de eBird de La Umbría.
Unidad Central del Valle del Cauca, Tuluá: la naturaleza no se va, se adapta
El viaje me mostraba distintos escenarios y, a la vez, ratificaba que Colombia ama su diversidad por donde sea que uno camine. Así fue que asistí al foro sobre storytelling y neuroturismo, en el que, a través de un taller, practicamos el arte de contar mejor las experiencias y de conectar con las emociones de quienes viajan.
Mientras todo esto ocurría, era difícil no percatarse de la gran cantidad de árboles que eran hogar de varias especies de aves. Pero este recinto fue más allá: las áreas comunes y los espacios de tránsito de estudiantes tenían plenamente identificadas a las aves, divulgadas como parte del predio universitario, con paredes decoradas con murales y, por supuesto, las aves en su hábitat natural. Y, sin embargo, mientras todo eso ocurría, las aves seguían ahí.
El copetón (Rufous-collared Sparrow), la mirla patinaranja (Great Thrush) y el azulejo común (Blue-gray Tanager) conviven con la vida diaria. Aquí, el territorio demuestra que la naturaleza no se va. Se adapta. Mira lo que registré en la lista de eBird del campus.
Parque Nacional de las Heliconias, Caicedonia: el bosque como diálogo
En el Parque Nacional de las Heliconias, ubicado en Caicedonia (Valle del Cauca), la experiencia se volvió más intensa. La bienvenida te la da una exposición permanente de fotografías de aves del guía y fotógrafo Andrés Henao y, luego, el recorrido por el bosque húmedo, que tiene una forma particular de hacerte consciente de todo lo que te rodea. Cada sonido, cada movimiento, cada cambio de luz.
Las heliconias como parte viva del paisaje
Las heliconias estaban por todas partes. No como un elemento decorativo, sino como parte viva del paisaje. Sus formas, sus colores vibrantes, esa manera de sostener el agua y la vida en sus flores. Entendí que no solo le daban nombre al lugar: lo definían. Y también explicaban lo que venía después.
El gallito de roca, tucanes y colibríes
El encuentro con el gallito de roca andino (Andean Cock-of-the-rock) fue uno de esos momentos que no se olvidan fácilmente. No por lo espectacular, sino por lo que provoca. Este tipo de situaciones son, para mí, la oportunidad de involucrar a más gente que no es pajarera, de que le interese conocer más y de que conserve su capacidad de asombro, dando paso al avistamiento y la conservación.
Ese día también aparecieron tucanes y colibríes. Y ahí todo empezó a tener más sentido. Los colibríes no estaban ahí por casualidad. Se movían entre las heliconias con precisión, casi como si el bosque estuviera diseñado para ese diálogo invisible entre planta y ave.
Aunque eran avistamientos inesperados, no se sintieron predecibles. Cada uno tenía su propio ritmo, su propia forma de aparecer. No sentí la necesidad de documentarlo todo. Hubo instantes que preferí simplemente contemplar. Aun así, dejé constancia en la lista de eBird de las Heliconias.
Ecohotel Santa Bárbara, Quindío: el turismo de naturaleza ya existe

El congreso se realizó en el Ecohotel Santa Bárbara, un lugar donde el paisaje cafetero y la biodiversidad conviven de forma natural. Ese día estuvo marcado por conversaciones sobre turismo, comunicación y transformación digital. Pero lo que más recuerdo ocurrió entre esos espacios formales.
Afuera, entre jardines y cafetales, el avistamiento continuaba casi sin esfuerzo. El colibrí orejivioleta (Sparkling Violetear), el carpintero real (Lineated Woodpecker) y las tángaras (tanagers) forman parte del sistema, apareciendo como un destello de color.
Sin mencionar que, en más de una ocasión, vimos parejas de pájaros brujos (Vermilion Flycatcher). Sorprendió a muchos saber que el más vistoso era el macho, y nuevamente pude explicarles por qué, en la naturaleza de las aves, es necesario que así sea.
Fue ahí donde entendí que el turismo de naturaleza no necesita ser construido; ya existe. Lo que hace falta es aprender a reconocerlo y compartirlo. Estas son las especies de esa jornada en la lista de eBird del Ecohotel.

Laberinto Mil Caminos, Quimbaya: mirar mejor

El Laberinto Mil Caminos, ubicado en la vereda Morelia Alta del municipio de Quimbaya, en el departamento del Quindío, parecía, en principio, un espacio recreativo. Un lugar para caminar, perderse un poco, jugar con los recorridos. Pero al avanzar con más atención, empezó a revelar otra dimensión.
Entre los senderos, rodeados de vegetación de bosque secundario en recuperación, aparecían aves que se movían rápido, casi siempre entre sombras: atrapamoscas (flycatchers), reinitas (warblers) y pequeños destellos de vida entre las ramas que obligaban a bajar el ritmo.
El lugar no estaba diseñado específicamente para el aviturismo y, sin embargo, lo permitía. Para mí fue maravilloso deleitarme con al menos seis carpinteros en plena acción (Lineated Woodpecker).
Esa fue una de las lecciones más claras del viaje: no siempre es necesario ir lejos o a lugares especializados. A veces, basta con mirar mejor. Revisa la lista de eBird del Laberinto.
Siloé, Cali: donde la biodiversidad también es identidad

Siloé, en las laderas de Cali, es un territorio de contrastes. Conocido por su historia social, también es un punto privilegiado para entender la relación entre comunidad y entorno.
A la comuna 20 de la ciudad de Santiago de Cali le costó, y le sigue costando, que un pasado de más de treinta años se quede atrás y dé paso a una reestructuración social que permita e invite a todos a ver con otros ojos este lugar, alejado de la ciudad pero con una vista privilegiada.
Aves en los murales
Este recorrido lo hice en la noche, por lo cual el avistamiento de aves en realidad fue deleitarme con sus murales, que honraban su biodiversidad y que, en cada parada de bus, invitaban a conocer sus especies de aves con poemas y recomendaciones a lo largo de toda la subida.
Pero aquí hay algo más profundo. La ubicación de Siloé no es casual. Está en una zona de transición entre lo urbano y lo natural, donde las corrientes de aire que suben desde el valle y la cercanía a los Farallones de Cali crean condiciones ideales para que muchas aves planeen, se desplacen y encuentren alimento. Incluso especies que no «pertenecen» del todo a la ciudad terminan pasando por aquí.
Biodiversidad que se ve, se escucha y se interpreta
Y eso transforma la mirada. Porque en Siloé, la biodiversidad no se experimenta como algo lejano o exclusivo de reservas naturales. Está integrada a la vida cotidiana. Se escucha, se ve, se interpreta.
Las aves no solo sobrevuelan el territorio: también habitan el imaginario colectivo y el arte que adorna por doquier. En murales, en grafitis, en expresiones artísticas que reinterpretan la fauna como símbolo de resistencia, libertad y pertenencia. Lo que en otros contextos podría ser solo una observación, aquí se convierte en narrativa.
Y ahí está su importancia. Siloé demuestra que el aviturismo y la biodiversidad no son únicamente experiencias de contemplación en entornos «prístinos». También pueden ser herramientas de identidad, de apropiación del territorio y de resignificación social.
Mirar un chulo (Black Vulture) o una garza (Egret) desde aquí no es lo mismo que hacerlo en otro lugar. Porque en Siloé, observar aves también es una forma de entender el territorio.
Cali: un cierre inesperado

Cali fue un cierre inesperado. Una ciudad intensa, dinámica, donde el ritmo lo marcan la música y el movimiento. No parecía el escenario ideal para detenerse a observar aves.
Pero estaban ahí.
Garzas bueyeras (Cattle Egret) en espacios urbanos, buitres o chulos (Black Vulture) trazando círculos en el cielo, palomas (Rock Pigeon) y golondrinas azuliblancas (Blue-and-white Swallow), completamente integradas al paisaje cotidiano, a lo urbano. Tantas veces pasan desapercibidas y, peor aún, ignoramos su valor biológico o lo minimizamos. En ese contexto, cambió la forma en que percibía la ciudad.
El aviturismo no depende únicamente del entorno natural, sino de la disposición con la que se observa. Esta es mi lista de eBird de Cali.
Lo que quedó después del viaje

Hubo destinos donde las condiciones no permitieron observaciones óptimas, como en Siloé, Salento o Sevilla. Sin embargo, incluso en esos lugares, la relación con las aves seguía presente en expresiones culturales: murales, artesanías, representaciones que forman parte de la vida cotidiana.
Pajareo inclusivo en el Hotel La Aldea
Uno de los momentos más significativos fue conocer, en el Hotel La Aldea, en el Quindío, una experiencia de pajareo inclusivo para personas ciegas. Ese encuentro amplió por completo mi forma de entender el aviturismo. Me hizo ver que no se trata únicamente de observar para registrar, sino también de escuchar, sentir e imaginar, para interiorizarlo en nosotros, y más aún en quienes tienen alguna discapacidad.
El programa consiste en una caminata en el bosque para escuchar y, luego, el regreso para identificar las aves a través de figuras hechas en mazapán o con plumas de diferentes características. Sin duda, una experiencia nueva.
Mirar con más atención
Al final, cuando revisé mis registros, entendí que la lista de especies era solo una parte de la historia. Lo más importante había ocurrido de forma más silenciosa.
Colombia no solo me mostró su biodiversidad. Me enseñó a mirar con más atención, a reconocer lo que suele pasar desapercibido y a entender que la naturaleza no es un escenario aislado, sino algo que está presente en todos los espacios, incluso en los más cotidianos.
Y esa, al final, fue la historia que realmente valía la pena contar.
Puedes seguir mis avistamientos en el perfil de eBird de Jacqueline Granda.





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