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Los míticos cuyes del cerro: la vizcacha de Loja, Ecuador

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Vizcacha ecuatoriana de pelaje gris y orejas erguidas, asomada sobre una roca rojiza en un peñón de Loma Delgada, Quilanga, provincia de Loja, Ecuador.

Contenido patrocinado en colaboración con Responsible Travel.

Por: Karen Gudiño

Hace un año, Jimmy Japón me contó sobre un animal que parecía salido de un mito. Me habló de un roedor grande, de aspecto tierno y movimientos ágiles, que vive en lo alto de las rocas del sur del Ecuador. Me dijo que era una mezcla extraña entre roedor, conejo y ardilla, un mamífero totalmente herbívoro. Yo no sabía que estaba a punto de conocer a la vizcacha.

Lo curioso es que Jimmy no me hablaba como un investigador. Me hablaba como alguien que había crecido escuchando a su abuelo hablar de los misteriosos “cuyes del cerro”. Durante su infancia, mucho antes de que empezaran las investigaciones en el cantón Quilanga, provincia de Loja, esa historia ya circulaba de boca en boca. Como todo mito de origen, el relato se transmitía oralmente, de generación en generación. Y como todo mito, guardaba una parte de verdad.

Ese fue mi primer acercamiento a la vizcacha. Desde entonces, cada vez que la menciono, la reacción es inmediata. Algunas personas sorprendidas buscan detalles minuciosos. Otras sonríen con la confianza de quien ya la ha visto o escuchado entre los peñones de algún cerro. De una u otra forma, la vizcacha ya está en el imaginario de la mayoría de las y los lojanos. Es un animal que se ha vuelto parte de la conversación, de la identidad y (para los más afortunados) parte del paisaje.

Vizcacha ecuatoriana de pelaje gris y pecho amarillento, aferrada a una pared de roca rojiza cubierta de musgo, con vegetación verde al fondo, en la provincia de Loja, Ecuador.
Ágil entre las grietas: una vizcacha ecuatoriana (Lagidium ahuacaense) se desplaza por una pared rocosa en el sur de la provincia de Loja. Foto: Jimmy Japón. ©2025 Fundación Amazonía Productiva (FAP).

El tesoro escondido en el cerro Ahuaca

La vizcacha ecuatoriana fue descrita para la ciencia apenas en 2009, en el cerro Ahuaca, cantón Calvas. De ahí viene su nombre científico: Lagidium ahuacaense. El Ahuaca es un cerro rocoso monumental que ocupa una gran extensión en el paisaje de Cariamanga, la tercera ciudad más grande y poblada de la provincia de Loja. Al verlo, es inevitable pensar en alguna ruta para llegar a una de sus puntas. Son dos picachos, uno de 2.463 metros sobre el nivel del mar y otro de 2.454. Para cualquier escalador o aficionado, es una parada obligatoria.

Vista del cerro Ahuaca desde su base, mirando hacia arriba: una masa rocosa con una joroba distintiva a la izquierda y el pico más alto a la derecha, con la sombra de una nube proyectada sobre la montaña, en Cariamanga, provincia de Loja, Ecuador.
El cerro Ahuaca visto desde su base: la joroba a la izquierda y el pico más alto a la derecha, bajo la sombra de una nube. Foto: Jimmy Japón. ©2025 Fundación Amazonía Productiva (FAP)

Existen más de ocho rutas de distintos niveles. La ruta clásica, la que corona el cerro, se conoce como “Gracias Atahualpa, encontramos el tesoro”. Pero el verdadero tesoro no está solo en la cima. Está escondido en sus grietas. Allí vive una de las poblaciones más numerosas de vizcacha ecuatoriana. Esa es la localidad tipo, el lugar donde la especie fue descrita por primera vez para la ciencia, y también uno de sus refugios más importantes.

¿Qué es la vizcacha ecuatoriana?

No hace falta ser científico/a para entender por qué importa: la vizcacha es un roedor de roca, pariente de las chinchillas. Come plantas, se mueve con una agilidad sorprendente y, aunque parece una mezcla de especies, no es un híbrido. Es una especie única, adaptada a vivir entre piedras, y cumple un rol esencial: dispersa semillas y es un indicador de la salud del ecosistema.

El género Lagidium se distribuye a lo largo de los Andes de América del Sur. En Perú y Chile está la Lagidium peruanum; en Bolivia, Chile y Argentina, la Lagidium viscacia; en la Patagonia de Chile y Argentina, la Lagidium wolffsohni. En ninguno de esos lugares la gente las llama por su nombre científico. Allí son chinchillas o vizcachas y siempre hay un relato sobre su curiosidad, su ternura o su peculiar silbido.

Vizcacha ecuatoriana, con pelaje gris y largos bigotes, sentada sobre una roca clara frente a una pared de piedra cubierta de musgo en Loma Delgada, Quilanga, provincia de Loja, Ecuador.
Una vizcacha ecuatoriana (Lagidium ahuacaense) en un peñón rocoso de Loma Delgada, parte del hábitat principal de esta especie en peligro crítico. Foto: Jimmy Japón. ©2025 Fundación Amazonía Productiva (FAP).

Peñones rocosos como islas

Lo fascinante es que un estudio reciente encontró indicios de vizcacha ecuatoriana en cinco cantones de la provincia de Loja. Quilanga tiene seis localidades confirmadas, el mayor número hasta el momento. Desde la biología, esto es como encontrar un animal que vive en una suerte de “islas rocosas”, muchas de ellas separadas unas de otras de forma inexplicable. Esas islas podrían estar volviéndose genéticamente distintas entre sí. Eso dice mucho de su evolución, pero también de su fragilidad. Si cada grupo queda aislado, cualquier amenaza podría acabar con una población entera.

Vista aérea de Loma Delgada, en Quilanga, provincia de Loja, Ecuador: una ladera empinada con pastizal y bosque nativo resaltada a color, rodeada de montañas en blanco y negro.
Loma Delgada, resaltada a color: el terreno que el proyecto “Salvemos Loma Delgada” busca comprar y proteger. Foto: © Fundación Amazonía Productiva (FAP).

Una especie en peligro crítico

El mismo relato popular que ayudó a los investigadores a encontrar nuevas poblaciones también dio pistas sobre sus amenazas. La caza furtiva, el aumento de perros asilvestrados, la presencia de otros depredadores silvestres y actividades humanas como la expansión de vacas y cabras, la agricultura, la construcción de infraestructura para un turismo que no piensa en la convivencia con la naturaleza, la pérdida de bosque y los incendios forestales por mal manejo del fuego en época seca, son los principales riesgos.

Dentro de las categorías de conservación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la vizcacha ecuatoriana aparece como “Datos insuficientes-DD”. A nivel nacional, la lista roja de Ecuador la considera en “Peligro Crítico – CR”. ¿Por qué? Porque su área de ocupación es extremadamente restringida: habita en menos de 10 km². Pero hay un dato aún más preocupante. Esos menos de 10 km² de rocas expuestas están fuera de las áreas protegidas. No existen garantías para su conservación. Los territorios que habitan son escasos y están expuestos a todas las presiones del cambio climático y de las actividades humanas.

Valle angosto entre laderas empinadas cubiertas de pastizal, con un bosque nativo denso en el fondo de la quebrada y montañas bajo las nubes a lo lejos, en Loma Delgada, Quilanga, provincia de Loja, Ecuador.
El bosque nativo se refugia en las quebradas de Loma Delgada, entre laderas de pastizal. Foto: José María Salinas. ©2025 Fundación Amazonía Productiva (FAP).

Por eso, los investigadores de la especie, junto con nuevas iniciativas de conservación de sectores privados y ONG, se encuentran movilizados para protegerla. También la monitorean para seguir descubriendo sus características biológicas y su papel en el ecosistema. Mientras tanto, buscamos afianzar la identidad de las comunidades del sur del Ecuador en relación al valor de su riqueza natural y cultural, es decir, se trata de proteger el patrimonio que también es nuestro.

Cómo visitar la tierra de la vizcacha

Frente a este panorama, existe una forma de acercarse que sí piensa en la convivencia: la visita guiada. Loja es la base natural para conocer a la vizcacha. Se puede llegar en buses interprovinciales, una excelente opción, o en avión al aeropuerto “Ciudad de Catamayo”, a solo 30 km de la ciudad. Desde Loja, el viaje continúa por carretera: son aproximadamente dos horas y media hasta Cariamanga, y algo más hasta los peñones donde vive la vizcacha.

Visitar una de las colonias es una posibilidad única, pero solo con el acompañamiento de un guía local especializado. No queremos perturbar a la especie, así que las visitas son exclusivamente guiadas y se coordinan con las comunidades locales. Tampoco son sitios turísticos convencionales: las colonias viven en afloramientos rocosos dispersos, muchos de ellos remotos y de ubicación discreta.

Cuándo ir

Se puede visitar durante todo el año, ya que la vizcacha no hiberna y siempre hay oportunidad de observarla con respeto y distancia. La época seca, generalmente de junio a septiembre, suele ofrecer caminos en mejores condiciones, aunque el cambio climático puede extender esa ventana. Las lluvias más fuertes suelen caer entre diciembre y mayo; en esos meses conviene consultar el estado de las vías antes de viajar.

Viaja con Responsible Travel

Por eso, la mejor manera de organizar la visita es a través de Responsible Travel, una operadora de turismo receptivo germano-ecuatoriana con más de 15 años de experiencia en el diseño de viajes responsables con el medio ambiente y las comunidades. Su equipo puede coordinar la visita con las comunidades y los guías locales, e integrarla en un viaje a la medida por Ecuador continental e insular, o por otros destinos de Sudamérica como Chile, Perú, Colombia y Bolivia. Vivir un viaje a través de experiencias conscientes y personalizadas también es vivir una aventura regenerativa.

¿Te gustaría reservar una visita? Escribe a Jacqueline Granda, Especialista de Viajes en Responsible Travel.

Salvemos Loma Delgada: qué estamos haciendo

Uno de los proyectos vigentes es “Salvemos Loma Delgada: Hogar de la Vizcacha ecuatoriana”. El proyecto, ubicado en la parroquia San Antonio de las Aradas, busca proteger a la especie a través de la compra de tierras, restauración del ecosistema y el desarrollo de un plan de monitoreo y turismo de naturaleza que empodere a las comunidades locales. El terreno está estratégicamente cerca de una de las localidades de la especie, la misma que se ha mantenido durante 15 años como reserva natural privada, de la mano de José María Salinas, un ferviente defensor de la naturaleza que hoy busca venderla por falta de recursos para su conservación y mantenimiento.

La iniciativa es impulsada por la Fundación Amazonía Productiva, una organización sin fines de lucro que desde 2011 fomenta la conservación y la sostenibilidad a través del desarrollo social y económico de las comunidades, especialmente en el sur del Ecuador. Junto con universidades, investigadores de la zona y colectivos locales, la Fundación participa en propuestas piloto para proteger otras colonias de vizcacha ecuatoriana en el cantón Quilanga. Estas colonias están amenazadas por deslizamientos de roca que podrían arrastrar las capas más superficiales del hábitat con las lluvias pronosticadas durante el fenómeno de El Niño.

Bosque nativo montano que cubre laderas empinadas y una quebrada en Loma Delgada, Quilanga, provincia de Loja, Ecuador.
Un remanente del bosque nativo en Loma Delgada, hábitat de especies endémicas y amenazadas de los Andes del sur del Ecuador. Foto: José María Salinas. ©2025 Fundación Amazonía Productiva (FAP)

Conservación junto a las comunidades

Hablar de conservación es un ejercicio de responsabilidad ecológica que muchas veces trasciende la realidad socioeconómica de las comunidades que habitan estos sectores. Los viveros locales con plántulas nativas, la apicultura alineada con la defensa de los bosques y el fortalecimiento del turismo científico son alternativas sostenibles que confluyen en un mismo objetivo: restaurar el ecosistema. Para lograrlo es imprescindible crear alianzas de colaboración que persigan los mismos objetivos de bienestar ecológico. En ese camino participa Responsible Travel, aliada del proyecto, que aporta su experiencia en turismo responsable para que la conservación también genere oportunidades para las comunidades.

Este vínculo no sería el mismo sin aliados locales. Por eso, el proyecto también acoge los esfuerzos de los Guardianes del Qhapaq Ñan, un colectivo integrado gracias a un proyecto impulsado por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural en 2025. Ese proyecto buscó la restauración y recuperación del tramo Las Aradas–Plaza del Inca, una sección de 21 km del también mítico Camino del Inca, el sistema vial que atraviesa América del Sur (así como la distribución de la vizcacha).

Junto al Ecoclub Quilanga, encabezado por los esfuerzos de investigación y preservación del biólogo Jimmy Japón, buscamos repensar las posibilidades económicas de las comunidades que conviven de cerca con esta especie única y en riesgo de desaparecer. Queremos generar una nueva cadena de suministros turísticos alineados a la responsabilidad, para impulsar una oferta internacional de destinos con alto valor dentro del patrimonio natural y cultural del Ecuador.

Vizcacha ecuatoriana de perfil, con pelaje gris y largos bigotes, sentada sobre una roca clara frente a una pared de piedra cubierta de musgo en Loma Delgada, Quilanga, provincia de Loja, Ecuador.
Una vizcacha ecuatoriana (Lagidium ahuacaense) descansa entre las rocas de Loma Delgada, uno de los refugios de esta especie en peligro crítico. Foto: Jimmy Japón. ©2025 Fundación Amazonía Productiva (FAP).

Cómo puedes ayudar

Cada aporte apoya la compra de tierras, el monitoreo, el desarrollo comunitario y el turismo de naturaleza que protege a la vizcacha ecuatoriana.

Conoce cómo apoyar este proyecto

Comparte este artículo. Cuéntale a alguien sobre los cuyes del cerro. Porque las leyendas también se protegen cuando se cuentan.

Sobre la autora

Karen J. Gudiño F. es Coordinadora de Proyectos de Sostenibilidad en Responsible Travel. Especialista en Gestión para el Desarrollo Social, con experiencia en proyectos ecológicos, sociales y educativos en el Chocó Andino, la Amazonía y los Andes ecuatorianos. Activista por la naturaleza, la salud mental comunitaria y artista visual.


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The Rambler

Viajes responsables. Creación de comunidad. Una carta de Angie y Scott, unas pocas veces al mes, con historias de la carretera y de los socios con los que trabajamos.